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El Falcon Heavy de SpaceX completa su "lanzamiento más complicado"

26 de Junio de 2019 | 13:52 hs.

La empresa de Elon Musk compite con otras tres compañías para hacerse con los contratos del gobierno norteamericano para transportar equipamiento al espacio. Los enormes propulsores del Falcon Heavy iluminaron el cielo sobre Cabo Cañaveral la madrugada del martes, durante el tercer lanzamiento del cohete fabricado por la empresa SpaceX. A bordo viajaba una carga valorada en más de 750 millones de dólares, que incluía 24 satélites, un reloj atómico, varios laboratorios portátiles de la NASA y las cenizas de 152 personas.

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 La complejidad de la operación, que requiere la distribución de la carga en diferentes niveles de órbita distintos, ha llevado a Elon Musk a calificar el lanzamiento como "el más complicado que se haya intentado hasta ahora". La misión Space Test Program (STP-2) supone además una prueba de fuego para la empresa creada por Musk, inmersa en una carrera con Blue Origin, United Launch Alliance y Northrop Grumman para asegurarse los contratos con el gobierno estadounidense para los próximos cinco años.

Menos de tres minutos después del despegue, los dos propulsores laterales del cohete se separaron de su núcleo central para posteriormente realizar el viaje de retorno y aterrizar en lugares predeterminados cerca del Centro Espacial Kennedy. Un minuto más tarde, la parte superior (que contenía la carga) abandonó también el núcleo para continuar con su travesía rumbo al espacio exterior. Una vez libre, el núcleo central debía aterrizar sobre una plataforma móvil no tripulada en aguas del Atlántico, a unos 1.200 km del punto de lanzamiento.

Esta última fase no pudo completarse con éxito y terminó con una espectacular explosión al estrellarse el núcleo contra la superficie del océano, muy cerca de su plataforma de destino, a la que sus creadores habían bautizado con el nombre Of Course I Still Love You. Los ingenieros de SpaceX ya habían advertido de que, debido a la alta carga de energía del núcleo durante su regreso a la Tierra, sólo había un 50% de probabilidades de recuperarlo.

ÓRBITAS DE REFERENCIA

Pese a este ligero revés, a lo largo del martes la empresa pudo confirmar que muchos de los satélites ya habían sido correctamente desplegados en sus órbitas. Una operación que se prolongó durante de seis horas hasta completar los 20 movimientos precisos para que los 24 satélites se fueran ubicando en tres alturas distintas. Precisamente la capacidad para trasladar la carga hasta las nueve órbitas de referencia en las que trabaja actualmente la NASA es uno de los criterios fundamentales para decidir quien se queda con el contrato del gobierno. De ahí la complejidad con la que se ha concebido esta misión, destinada a convencer a las autoridades. La misión STP-2 refleja también la nueva fase en la que ha entrado la carrera espacial, con participación de entidades públicas y empresas privadas. "Este lanzamiento sella una verdadera asociación entre gobierno e industria", ha afirmado Jim Reuter, administrador de la Dirección de Misiones de de la NASA. "Y las misiones de la agencia a bordo del Falcon Heavy también se van a beneficiar de colaboraciones con otras empresas, con Universidades y otras agencias públicas".

La carga del Falcon incluía una constelación de satélites destinada a observaciones meteorológicas a cargo de la Administración Nacional Oceánica y de la Atmósfera (NOAA), un satélite para experimentos científicos de la Fuerza Aérea y varios dispositivos pertenecientes a la NASA. También transportaba las cenizas de 152 personas que contrataron los servicios de una empresa especializada en poner en órbita restos incinerados, con tarifas que rondan los 5.000 dólares.

PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN

También se ha lanzado el nanosatélite LightSail-2, un original concepto que trata de aplicar la navegación a vela al espacio exterior. En lugar de lona, utiliza trapos de tereftalato de polietileno para recoger la mayor cantidad de luz solar posible. Aunque no tienen masa, los fotones del sol poseen un cierto impulso, suficiente para empujar ligeramente las velas solares. El LightSail-2 incluye una rueda que permite ingenieros en tierra puedan dirigir la vela. Una semana después del lanzamiento, la nave desplegará su velamen y comenzará a utilizar la luz del sol para elevarse a una órbita más alta. Se trata de la materialización de un concepto propuesto por Carl Sagan en los años setenta.

A bordo de otro de los satélites del Falcon Heavy hay también un reloj, del tamaño de un pequeño electrodoméstico. Para rastrear las misiones en el espacio exterior, hasta ahora la NASA ha venido usando señales de radio que debían pasar invariablemente por el centro de control de la misión en tierra. Las sondas de exploración, por ejemplo, se ven obligadas a comunicarse constantemente para confirmar la hora y su ubicación, al no disponer de una medición propia y segura. De manera que si el reloj atómico que se acaba de enviar funciona con éxito, las futuras misiones en el espacio exterior podrán disfrutar de una navegación más rápida y precisa, al no depender tanto de la medición del paso del tiempo en Tierra.

"Ha sido gratificante ver el lanzamiento de 24 satélites como si fueran sólo uno", ha afirmado Nicola Fox, directora de la División de Heliofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. "Los instrumentos de meteorología espacial y la ciencia de los nanosatélites nos van a enseñar a proteger mejor a nuestro equipamiento y a nuestros astronautas". 



Fuente: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/ciencia/2019/06/25/5d124e74fdddffac1c8b4622.html
      
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