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COMPLICADÍSIMO CHILE: No es sólo la tarifa del ’metro’, hay muchos reclamos de justicia social

20 de Octubre de 2019 | 13:00 hs.

A las 7.00 del domingo 20/10 finalizó el toque de queda decretado por el Ejército de Chile. En la mañana del ’día después’ abundaron los problemas en el Aeropuerto, transporte público y algunos servicios de Santiago. En medio del caos que dominó gran parte del territorio chileno, desde el día viernes 18/10 y hasta la madrugada de este domingo, la ausencia de directrices dirigidas a la ciudadanía dieron cuenta de una suerte de vacío político que dominó al Ejecutivo de Sebastián Piñera.

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 El mensaje del Presidente, en la tarde del sábado, en el que anunció que rebajaría el alza de los pasajes del tren subterráneo llegó tardío. Desde hacía horas que las demandas ya habían superado el tema del Metro (Subte) y se extendían a todo el espectro de desigualdades que existen en Chile. Los ánimos a esa hora hacían presagiar que la noche sería a un peor que la del viernes. Y así fue. Por eso fue el toque de queda pero comenzó peor. La intendenta de la Región Metropolitana, Karla Rubilar, confirmó que hubo fallecidos durante el toque de queda vigente en Santiago de Chile. En medio de las fuertes protestas y cacerolazos registrados en la capital chilena por el alza en el pasaje del Metro (Subte), el presidente Sebastián Piñera decidió decretar estado de emergencia para las provincias de Santiago, Chacabuco y las comunas de San Bernardo y Puente Alto.

Al respecto, el jefe de la unidad jurídica judicial del Instituto Nacional de Derechos Humanos, Rodrigo Bustos, explicó que “las personas pueden circular libremente por las calles, mientras no se establezca una medida específica como lo puede ser un toque de queda”.

Añadió que “por otra parte, ninguna persona puede ser detenida sin fundamentos o de manera discriminatoria”. “Y por último, todas las personas mantienen la posibilidad de impugnar una detención ilegal, a través de un recurso de amparo o un recurso de protección”, cerró.

No fue suficiente. Y llegó el toque de queda ordenado por el Ejército, por mandato presidencial.

Pero la medida anunciada por el general Javier Iturriaga, en lugar de aplacar los focos de violencia, los intensificó. Las llamas se propagaron a varias regiones, y la manifestación social desafió el toque de queda en las ciudades de Santiago, Valparaíso, Rancagua, La Serena y Concepción. 

En horas de la madrugada, se confirmó que 3 personas habían muerto calcinadas en San Bernardo. 

Según información preliminar, los 3 muertos habrían fallecido en un incendio en un supermercado de la comuna de San Bernardo. Rubilar dijo que las autoridades “están recopilando mayores detalles”.  El ministro de Defensa de Chile, Alberto Espina, anunció que 1.500 militares se sumaban a los 7.941 cadetes que patrullaban las calles de Santiago, Valparaíso y Concepción; en el toque de queda total hasta las 7:00 am del domingo, hora local.

Espina señaló que los militares ya estaban instalados en las 136 estaciones del Metro de Santiago y en 46 edificios de estructura crítica (instalaciones de agua, luz, servicios básicos), plantas de combustible y aeropuertos, entre otros. EY que los militares “harán uso de todas sus facultades que en este minuto se les confiere por ley”, agregando que ellos “han sido provocados por delincuentes, y nuestros soldados no han caído en el juego”.

Además de la falta de previsión del presidente Sebastián Piñera, sorprendió la inexistencia de la figura del ministro del Interior, Andrés Chadwick, el responsable de la seguridad pública del país.

Una vez recrudecido los incidentes en cientos de focos de choque a lo largo de la capital y en distintas regiones, pasaron 6 horas hasta que reapareció en escena Piñera, y aún entonces el jefe de Interior brilló por su ausencia. 

Desde las 19:00 del viernes 18/10 no se vió más al jefe de seguridad del Estado, ya con las manifestaciones que amenazaban con desbordarse y provocarle la derrota más grande de la Administración Piñera. 

El haber criminalizado los hechos, con el agregado del anuncio de la invocación de la Ley de Seguridad del Estado, y sin ningún gesto hacia el fondo de la problemática, es una cuestión de debate por estas horas en Chile. 

Fue la convocatoria de un grupo de estudiantes del Instituto Nacional a través de las redes sociales llamando a “evadir” el metro / subte en respuesta a una nueva alza en el costo de los pasajes la que habría prendido la mecha del descontento en Santiago, y junto a ella:

** el malestar contra el robo de agua, 
** el enojo con la corrupción de los dirigentes políticos, 
** la frustración ante la injusticia social que provoca el modelo preferido de los empresarios y ejecutivos de grandes ingresos, y 
** las pensiones jubilatorias miserables que han empobrecido la vida de los jubilados.

Si el 2011 el clamor de las mayorías se expresó a través de la condena de los abusos del mercado mediante su emblemática consigna “No al Lucro”, ahora la indignación se vistió con el ropaje de “evadir”, un concepto que reivindica una acción destinada a superar cierto límite impuesto. El espíritu evasivo se ha tornado colectivo.  "Santiago, viernes 18 de Octubre de 2019, es una fecha que pasará a la historia, tras una semana de evasiones masivas en el metro, el conflicto escala, y aparece el caos: quema de buses, estaciones de metro y edificios institucionales, aparecen barricadas, destrosos múltiples, saqueos y cientos de heridos. Los militares son llamados a salir a la calle. Una jornada marcada por el dolor y la angustia. Se suspenden todas las actividades del fin de semana, servicios y se procede al cierre de múltiples espacios públicos.

La semana había comenzado con manifestaciones de evasión del pago de la tarifa del metro, como actos pacíficos de desobediencia civil por parte de secundarios, que invocaban el malestar por sus familias, un clamor urgente a vernos y entender que el desarrollo de un país se mide por el lugar del que va último y no por el éxito del primero. En la misma línea de todo este año, Chile ha estado marcado por la voz de los jóvenes, quienes intentan tomar la voz del  sufrimiento, reconociendo que la vida tiene obligaciones y derechos, pero cuestionando el hecho de que Chile parece haberse olvidado de los últimos, y que esto atenta contra lo más importante, nuestra calidad de vida y nuestra felicidad.

Pero esta vez, al igual que las veces anteriores, en vez de tratar de ver cuanto de verdad podía ver en sus actos, o ver como acogerlo, se procede a la descalificación, a minimizar el reclamo y tratarlos de parias sociales, diciendo que no se entendía por qué ellos reclamaban si no los afectaba directamente. Nada produce más rabia ni violencia, que cuando se niega el dolor o el agobio que uno siente. 

Lo de de esta semana, busca zamarrear al país por los hombros y hacerle ver de frente su peor evasión, el dolor de todos los marginados, de aquellos que no tienen rostro, los que son una una cifra esporádica, un porcentaje de vulneración, son los cerca de 200 mil niños y niñas de Sename que aún esperan en la fila que llegue su turno, son las miles de familias que viven en 802 campamentos sin derecho a la vivienda, pero que tienen nombres, una historia y una vida que cargan a diario. Ver a aquellos que hemos hecho vivir de promesas incumplidas, como Lota, que se le prometió la reconversión tras el cierre de la mina y lleva veintiún años esperando. Mirar y cuestionar la aberrante normalización de hablar tranquilamente de zonas de sacrificio como Coronel, Til Til, o Quintero-Puchuncaví, donde en esta última se cierra el año escolar de forma prematura de los niños y niñas esta semana por problemas de salud dados por la contaminación, a pesar de una orden de la corte suprema, y pareciese no remecernos.  Por ello, las actuales movilizaciones por el alza de precio del transporte, tienen el mismo motor que las movilizaciones por pensiones de miseria donde más de 300.000 compatriotas reciben pensiones inferiores a 150.000 pesos, incluyendo los subsidios del estado, o los más de 4 millones de chilenos y chilenas que están en DICOM, y con una deuda promedio de 1.7 millones de pesos recibiendo llamadas interminables del retail para el pago. La misma energía que rompe la inercia en la comunidad de Petorca al ver como la agricultura de exportación es a expensas de sus propios habitantes. El mismo impulso de denuncia de la crisis de la salud por falta de insumos y miles que esperan atención, o las judicializaciones masivas por aumentos en los precios de las ISAPRES de hace una semana, ante un sistema que prioriza el lucro desde la enfermedad. 

Todos estos, no son problemas distintos, como intenta mostrarse, son todos un mismo problema. 

Por ello la evasión del pasaje, se vive como algo justo, un acto reinvindicatorio, ante una injusticia estructural. Toda violencia es inaceptable, pero la violencia de esta semana es consecuencia del debilitamiento de la cohesión social a partir de otras violencias que también son inaceptables: la iniquidad, el abuso de poder, la segregación territorial. Violencias que se cargan como lastres, que han llevado al agotamiento físico y psicológico como resultado de un modelo agotado. 

Los chilenos y chilenas no son flojos, están reventados. No necesitan levantarse más temprano, como se les ha dicho, ya lo hacen. 

Los chilenos y chilenas no quieren las cosas gratis, pero están cansados de que se les ordeñe a diario, y se les ningunee su esfuerzo. 

Debemos validar el dolor para avanzar. 

La violencia es contagiosa, y por ello uno de los interlocutores, en este caso el Gobierno, debe llamar al diálogo; entender que el alza del transporte es solo la gota que rebalsa el vaso, que se expresa a diario en el aumento de enfermedades mentales y consumo de drogas, la crisis de la salud mental que desde el 2008 es la primera causa de licencias médicas del país, y que hasta el cansancio se ha denunciado. El primer paso, es levantar el estado de emergencia, de lo contrario sólo seguirá aumentando la violencia, que se desplazará desde el centro de Santiago a los barrios periféricos que son controlados por el narcotráfico.

El actual caos tiene una solución: más comunidad, más encuentro, volver a fortalecer el vernos, y acoger el dolor del otro, hacerlo mío, y entender que lo que es urgente para él o ella, es urgente para mí. Podemos y debemos transformar la actual crisis en una oportunidad de pasar del yo, tú, él o ella al nosotros, sólo así podremos incluir en nuestra comunidad a los que aún esperan que los veamos y ayudarlos a sanar su dolor." 



Fuente: https://urgente24.com/mundo/latinoamerica/no-es-solo-la-tarifa-del-metro-hay-muchos-reclamos-de-justicia-social
      
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