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ANIVERSARIO. NIETA DE RABIN: «O NOS HACEMOS CARGO O VOLVEREMOS A LLORAR»

31 de Octubre de 2020 | 11:21 hs.

Itongadol/AJN.- De nuevo hay una inscripción en la pared. Es decir, debido a las inscripciones vemos menos la pared. El Israel dividido está al borde del abismo. O nos hacemos cargo o volveremos a llorar. La reconciliación en el pueblo es una promesa que cada uno de nosotros hizo hace 25 años.

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 25 años después del asesinato, el clima torna la mucosidad en respiraciones profundas, pero debido a la congestión y la sofocación, al aire se le dificulta entrar. Incluso la paz llama a la puerta, tres veces en contadas semanas, pero no escuchamos.

¿Por qué? Quizás sean las tres campañas electorales que nos desgarraron. Y tal vez se deba a que todavía no prestamos atención a que el otoño empuja hacia afuera los últimos sirocos porque hace calor en nuestras calles. La mejilla quema menos de lo que se sentía como una bofetada particularmente ardiente hace 25 años, aparentemente también los tres disparos resuenan menos en los oídos, pero nuevamente hay una inscripción en la pared. Es decir, debido a las inscripciones vemos menos la pared. La esconden un grito de aquí y una maldición de allá, cascos, carteles y urgencia. Y en la frialdad de las noches de Jerusalem, con una kipá o una bandera rosa, rostros cubiertos con una bandana o una máscara frente a un policía, se renovará otra semana para el Israel dividido, en la cual un reportero gráfico inmortalizará un arresto sudoroso y quizá también sangre.

Y eso ya no conmueve. Y si conmueve, realmente no se nota. Porque hace calor todo el tiempo. Y se recalienta. Estamos divididos en tribus y grupos, no hay una dosis pactada sobre la altura de las llamas. Todos adoptan una actitud dentro de la posición. Incluso si está entre nosotros quien escribirá la historia, no habrá un público que reciba la mercancía. La confianza cedió su lugar y frente al escenario no hay trono estatal. Bueno, tampoco hay jefe de Policía, ni procurador general. También la igualdad ante la ley conoció tiempos mejores.

Incluso la unidad no es la que se prometió. En lugar de diversidad de opiniones obtuvimos una sola voz, lo más extremista posible, atrapada como una mariposa en el fuego de la atención en un solo corto y fuerte. Y cuando este calla al otro y ese maldice a la otra el abismo profundiza la distancia abierta. Nos deja revolcándonos en pantanos de dolor y rabia, contando cada lado los costos y los nombres de “nuestras” víctimas comparados con “las de ellos”, considerando el honor con la sangre de las cuentas del pasado, diciéndonos a nosotros mismos que eso promueve los sueños del futuro.

Solo reciclamos argumentos que conducen a un callejón sin salida, vamos en un círculo que no se puede cuadrar, perpetuamos la eternidad de la disputa. E incluso un tono desesperado o una lágrima verdadera no penetrarán ni mojarán la armadura de la división de las partes. No hay generosidad ni un esquema para acercar corazones, solo una Justicia plana, que todos se atribuyen. Y así, si la Justicia se decidiese, no lograría un discurso triunfal a los ojos de la nación debido a que nos hemos convertido en estos de aquí y esos de allá, no hay un «nosotros».

Precisamente en los días de esta maligna y extraña epidemia, que nos cayó como un castigo casi bíblico, es posible que hayamos recibido la oportunidad de transformar la pendiente en sendero. Crear con acciones individuales y pequeños grupos, con distanciamiento social y cercanía de corazones, el lugar en el que aspiramos estar. Pero en la realidad cotidiana, el reconocimiento de que todos venimos con bondad no es una opción. Todos sos sospechosos. Y no hay confianza. Y un mal espíritu está entre nosotros en silencio. Tenso. Como entonces.

Pero el perdón tiene su propio poder curativo. Y también la fe. Y cada día se puede elegir de nuevo. Al fin de cuentas, todos y cada uno de nosotros recuerda dónde estaba la noche del asesinato, pero menos la promesa y el esfuerzo de comportarse diferente. 25 años después, en lugar de esperar a quienes harán y liderarán, reconciliarán y permitirán, todos y cada uno de nosotros tiene la autoridad para cumplir esa promesa personal. Somos las personas que hemos estado esperando y el momento es ahora.

* Noa Rothman, nieta de Yitzhak Rabin.




Fuente: https://itongadol.com/israel/aniversario-nieta-de-rabin-o-nos-hacemos-cargo-o-volveremos-a-llorar
      
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